Lo que implica tener un hijo con autismo:  características y pautas

Lo que implica tener un hijo con autismo: características y pautas

Al tener un hijo con autismo es normal sentir inseguridad con respecto a cómo comportarse para favorecer su bienestar y su adaptación al mundo lo máximo posible. Sin embargo, en la actualidad la comunidad científica tiene un notable conocimiento del trastorno del espectro autista; existen intervenciones eficaces para ayudar a niños con autismo en el aprendizaje y en otros ámbitos, y los padres con niños autistas pueden acudir a numerosos profesionales y organizaciones especializados para obtener apoyo.

¿Qué es el autismo? Definición del concepto

El autismo es una alteración del desarrollo que se caracteriza fundamentalmente por dificultades en la interacción social y en la comunicación en su conjunto que afectan a la adaptación al entorno. Otro de los rasgos característicos de los perfiles autistas es que estas personas tienden a mostrar intereses y patrones de comportamiento que resultan limitados y repetitivos, aunque no necesariamente problemáticos.

Las personas con autismo procesan la información de manera peculiar a nivel cerebral debido a que las conexiones entre sus células nerviosas y sus sinapsis funcionan de manera un poco diferente a como sucede en los cerebros no-autistas. En la actualidad la hipótesis más aceptada sobre la causa del autismo es que se debe, al menos en parte, a mutaciones genéticas, aunque no está claro el mecanismo específico y probablemente existan diversos.

Por lo general los padres detectan signos de autismo en su hija o hijo durante los primeros tres años de vida, manifestándose con frecuencia en un retraso en la adquisición de habilidades e hitos del desarrollo, aunque esto no siempre sucede del mismo modo y es posible que un niño autista se desarrolle normalmente, en especial si se trata de un caso de autismo de alto funcionamiento.

Aunque es muy habitual dividir el autismo en diferentes cuadros clínicos -incluyendo el síndrome de Asperger, en que la inteligencia y el lenguaje son considerados normales-, en la actualidad el manual diagnóstico más utilizado, el DSM-5, engloba las distintas manifestaciones del autismo en una sola entidad diagnóstica: el trastorno del espectro autista.

Rasgos característicos de los niños autistas

Como hemos dicho, los signos que indican que podemos tener un hijo con autismo pueden variar en función del caso. No obstante, existen varios signos claves que sugieren un posible caso de autismo y que suelen ser detectables cuando el niño tiene un año o un año y medio, aproximadamente.

–      Dificultades comunicativas

Las dificultades para adquirir y aplicar habilidades de comunicación, especialmente de tipo verbal, son consideradas uno de los signos principales del autismo. Por ejemplo, muchos niños con autismo aprenden a hablar más tarde de lo habitual o bien no llegan a adquirir el lenguaje, al menos de manera completa, y les cuesta respetar los turnos de palabra al interactuar con otras personas.

–      Escasez de contacto visual

Asociada a las alteraciones en la comunicación, la falta de contacto visual es otro signo clásico del autismo, y sugiere una cierta desadaptación a las normas de comunicación no verbal. En culturas en las que el contacto visual no es tan habitual la escasez de esta no resulta un signo muy determinante. Por otro lado, también puede darse en niños que simplemente son tímidos.

–      Comportamientos repetitivos

Si notas que tu hijo tiende con frecuencia a ejecutar conductas y movimientos repetitivos -desde balancearse sobre sí mismo hasta disponer los objetos en un patrón específico-, es posible que se trate de un signo de autismo si se da conjuntamente con otros de los que mencionamos en este listado. La restricción de áreas de interés (por ejemplo, parece que lo único que al niño le gusta hacer es pasar su tiempo con coches de juguete) puede incluirse también aquí.

–      Rechazo a los cambios

El rechazo a los cambios en general es otro rasgo definitorio del trastorno del espectro autista. Si tienes un hijo con autismo es posible que muestre mucha ansiedad ante los cambios inesperados en las rutinas o en el entorno físico, lo cual dificulta llevar a cabo actividades nuevas o visitar lugares desconocidos de manera espontánea.

–      Alteración del tono muscular y la motricidad

Aunque no se trata de una característica clave del autismo, los estudios indican que entre 6 y 8 de cada 10 personas autistas muestran alteraciones musculares como bajo tono muscular o mala planificación de los movimientos. Esto podría explicar también la menor capacidad para los movimientos finos que tienen con frecuencia quienes se sitúan en el espectro autista.

–      Autolesiones

Comportamientos como morderse las manos, tocarse los ojos o golpearse la cabeza son posibles signos que lógicamente preocupan en particular a los padres con hijos autistas y que pueden tener un carácter crónico, englobándose a menudo dentro de los comportamientos repetitivos típicos el autismo. Con frecuencia la conducta autolesiva tiene la función de reducir la ansiedad causada por otros hechos.

Pautas a seguir al tener un hijo con autismo

Intervenir de manera temprana

Aplicar una intervención adaptada al caso desde una edad temprana es la mejor manera de que los niños con autismo desarrollen sus capacidades de adaptación lo máximo posible. Un tratamiento a largo plazo centrado en las áreas educativa y comunicativa es la opción más recomendable, junto con intervenciones para las alteraciones psicológicas asociadas y medicamentos para las físicas cuando sea necesario.

Informarse sobre el autismo

Leer sobre el trastorno del espectro autista es de gran ayuda para el manejo de la relación con un hijo con autismo. Recomendamos tanto las publicaciones realizadas por instituciones y profesionales especializados en el autismo como los textos escritos por personas con hijos autistas, puesto que ambos pueden ayudarnos a entender a mejor al niño y a favorecer su desarrollo.

Mantener horarios y rutinas regulares

Los niños con autismo están más cómodos si llevan vidas estructuradas, con horarios regulares y rutinas sólidas; esto se asocia al rechazo a los cambios que suelen mostrar las personas autistas. Si tienes un hijo con autismo, procurar que su vida tenga estructura y regularidad favorecerán su bienestar, su aprendizaje y su capacidad de adaptación en general.

Reforzar los logros del niño

El refuerzo positivo de los éxitos de los niños -por ejemplo darles un objeto que les guste o felicitarlos con entusiasmo– es muy importante para que consoliden los aprendizajes. Esto incluye la adquisición de habilidades de comunicación, de destrezas manuales, de “buenos comportamientos” o de cualquier otro tipo de conducta que consideremos positivo.

Establecer una red de apoyo social

Comunicarse regularmente con otros padres de hijos con autismo es una gran estrategia porque permite compartir experiencias y recursos, así como darse apoyo mutuo en distintos sentidos. Existen muchas asociaciones especializadas en autismo infantil a las que es recomendable acudir para obtener consejo y ayuda al tener un hijo autista.

Dedicarse tiempo a uno mismo

El cuidado de un hijo prácticamente siempre supone cierto grado de estrés mantenido; esto tiende a intensificarse en los casos en que el niño tiene una alteración del desarrollo, como puede ser el trastorno del espectro autista. El tiempo de ocio y de relajación de los cuidadores es fundamental para asegurar tanto su propio bienestar emocional como una disposición positiva hacia los hijos.

Plantearse adoptar una mascota

Los niños con autismo pueden establecer vínculos muy sólidos con los animales de compañía, en especial con los perros, y en estos casos las dificultades comunicativas no se dan del mismo modo que con otras personas. La relación con mascotas puede aportar mucho bienestar al niño y además servirle en cierto modo como práctica para interactuar con seres humanos.

Aceptar al niño tal y como es

Al tener un hijo con autismo es muy importante aceptarlo como es, y no intentar cambiarlo ni “curarlo”: el autismo no es una enfermedad sino una diferencia en el desarrollo que limita la capacidad del niño de adaptarse al contexto social, al funcionar de manera más o menos diferente de la mayoría de personas. Sus peculiaridades pueden modificarse a medida que se desarrolla, sobre todo en la edad adulta, pero no cabe esperar que desaparezcan del todo.

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